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    <title>RadioRafaela</title>
    <subtitle>Últimas noticias de rafaela Argentina</subtitle>
    <updated>2026-07-31T15:00:04+00:00</updated>
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            Cuando un abrazo incomoda: la masculinidad, la ternura y todo lo que todavía nos falta aprender
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                <![CDATA[Dolores Vottero]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vguHUtPYzHw6MUOAV23TlcTgLpo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/torres_y_llorente_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay algo profundamente revelador en la reacción que provocaron las fotografías de Marcos Llorente y Ferran Torres durante sus vacaciones en Ibiza. No necesariamente por las imágenes en sí, sino por todo lo que una parte de la sociedad decidió proyectar sobre ellas.</p><p>Conviene empezar por algo básico: una muestra de cariño entre dos hombres no determina su orientación sexual ni implica que exista entre ellos una relación sentimental. Un abrazo, la cercanía, un gesto afectuoso pueden ser simplemente eso. Cariño. Amistad. Confianza. Libertad. Nada más. Y tampoco debería importar si hubiera algo más.</p><p>Sin embargo, miles de personas encontraron en esas fotografías una excusa para la burla, el insulto y la homofobia. Como si dos varones mostrándose afecto alteraran algún orden natural. Como si la proximidad entre hombres necesitara inmediatamente una explicación sexual. Como si hubiera algo que justificar.</p><p>Y ahí aparece un problema mucho más profundo: eso también es patriarcado.</p><p>Sí: el patriarcado también perjudica a los hombres.</p><p>Lo hace cuando los encierra dentro de una idea estrecha de masculinidad en la que abrazar a un amigo, expresar cariño, llorar o mostrarse vulnerable puede poner en duda su “hombría”. Una masculinidad construida sobre prohibiciones emocionales: esto no se hace, esto no se dice, esto no se muestra.</p><p>A muchos hombres se les enseñó desde chicos que la ternura podía ser sospechosa. Que el contacto físico entre varones era aceptable dentro de ciertos límites: para competir, para festejar un gol, para empujarse, golpearse o pelear. Pero no siempre para acariciarse, abrazarse durante mucho tiempo, reconocerse frágiles o decirse que se quieren.</p><p>Y las consecuencias de ese aprendizaje son mucho más importantes de lo que parece.</p><p>La soledad que esconde el mandato de ser fuerte</p><p>Detrás de esos códigos también existe una enorme soledad.</p><p>Generaciones enteras de hombres crecieron sin aprender a construir vínculos en los que el cariño, la vulnerabilidad y el cuidado fueran posibles sin vergüenza. Aprendieron otras formas de amistad: compartir una cerveza, hablar de mujeres, mirar un partido, salir, hacer bromas. Todo eso puede formar parte de una amistad, naturalmente.</p><p>El problema aparece cuando parece ser lo único permitido.</p><p>Cuando un amigo puede ser compañero de cancha, de bar o de viaje, pero resulta mucho más difícil convertirlo en un lugar seguro para llorar. Cuando pedir ayuda incomoda. Cuando decir “te quiero” parece excesivo. Cuando un abrazo necesita una explicación. Cuando mostrarse lastimado se siente como una derrota.</p><p>Entonces la fortaleza deja de ser una virtud para transformarse en una obligación.Y una persona obligada a ser fuerte todo el tiempo termina muchas veces enfrentando sola aquello que no sabe cómo contar.</p><p>Por eso las fotografías de Llorente y Torres hablan de algo mucho mayor que una reacción homofóbica en redes sociales. Hablan de una sociedad que todavía castiga cualquier gesto que se aparte del guion tradicional de la masculinidad.</p><p>Un guion que dicta cómo debe comportarse un hombre, qué puede sentir, cuánto puede mostrar y hasta de qué manera tiene permitido querer.</p><p>Mientras sigamos ridiculizando a dos hombres simplemente por mostrarse afecto, estaremos alimentando un modelo que lastima. Y no solamente a los hombres. Nos perjudica como sociedad.</p><p>Existe una presión social persistente para que los hombres escondan determinadas emociones y esa exigencia puede afectar su bienestar y también la manera en que construyen sus relaciones.</p><p>Diversos estudios han relacionado la soledad, el aislamiento social y las dificultades para expresar emociones con un peor bienestar psicológico. Y no hace falta convertir cada gesto de afecto en un diagnóstico para entender algo bastante sencillo: tener personas frente a las cuales uno pueda mostrarse vulnerable importa.</p><p>Importa saber que existe alguien ante quien no hace falta representar constantemente el papel del fuerte. Por eso reivindicar amistades masculinas en las que haya espacio para el afecto, la sensibilidad, el cuidado y la vulnerabilidad no debería resultar revolucionario. Pero todavía lo es.</p><p>Romper esos estereotipos significa ampliar las posibilidades de los vínculos humanos. Permitir que un hombre abrace a otro sin que aparezca inmediatamente la burla. Que pueda decirle que lo quiere. Que pueda acompañarlo. Que pueda llorar delante suyo. Que pueda admitir que tiene miedo.</p><p>Nada de eso lo hace menos hombre. Lo hace humano.</p>        Ver esta publicación en Instagram            <p>Una publicación compartida por Marcos Llorente (@marcosllorente)</p>
<p>La ternura también puede ser una forma de resistencia</p><p>Vivimos en un mundo que corre demasiado rápido. Un mundo que exige, consume y descarta. Que nos reclama productividad, eficiencia, rendimiento y fortaleza casi de manera permanente. Hay que llegar, cumplir, responder, producir, soportar. Parecer bien incluso cuando no estamos bien.</p><p>En ese mundo, la ternura puede convertirse en un pequeño acto de rebeldía.Una trinchera desde donde resistir la dureza de los días.</p><p>Porque la ternura nos recuerda que no todo tiene que ser urgente. Que no todo necesita ser rentable. Que no tenemos que ser perfectos para merecer cuidado.</p><p>A veces lo verdaderamente importante cabe en cosas mucho más pequeñas: una palabra pronunciada en el momento justo, un abrazo capaz de sostener cuando faltan las respuestas, una mirada que comprende sin exigir explicaciones.</p><p>Esos gestos no son debilidad.</p><p>Son refugio. Son el lugar al que podemos regresar cuando el mundo nos desarma y necesitamos reconstruirnos para continuar.</p><p>Tal vez por eso incomoda tanto la ternura entre hombres. Porque desafía una de las reglas más antiguas de cierta masculinidad: la obligación de no necesitar a nadie.</p><p>Y quizá sea justamente esa regla la que haya que romper.</p><p>Porque resistir también puede ser conservar dentro nuestro un lugar donde todavía seamos capaces de sentir. Donde podamos cuidar y dejarnos cuidar. Donde no necesitemos pedir disculpas por abrazar, llorar, querer o decir que tenemos miedo.</p><p>Un lugar donde la ternura no sea motivo de vergüenza sino una forma de valentía.</p><p>Tal vez el verdadero problema nunca hayan sido dos hombres abrazándose en una playa.</p><p>Tal vez el problema sea que todavía haya quienes miren un abrazo y vean una amenaza.</p><p>Porque una sociedad que se burla del afecto termina educando personas que aprenden a esconderlo. Y cuando enseñamos a esconder la ternura, también enseñamos a convivir con la soledad.</p><p>Por eso defender el derecho a abrazarnos, a mostrarnos vulnerables y a querer sin miedo al juicio ajeno no es una cuestión menor. Es defender una manera más libre de estar en el mundo.</p>        Ver esta publicación en Instagram            <p>Una publicación compartida por Marcos Llorente (@marcosllorente)</p>
<p>Y quizás, en tiempos en los que tantas cosas intentan endurecernos, la verdadera rebeldía sea esta: no permitir que nos quiten la capacidad de ser tiernos.</p><p>Con los demás.</p><p>Y también con nosotros mismos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vguHUtPYzHw6MUOAV23TlcTgLpo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/torres_y_llorente_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Las imágenes de Marcos Llorente y Ferran Torres durante sus vacaciones en Ibiza volvieron a exponer un viejo mandato social: la dificultad para aceptar el afecto, la ternura y la vulnerabilidad entre hombres sin convertirlos en motivo de burla o sospecha. Una reacción que también revela cómo ciertos modelos de masculinidad terminan perjudicando a los propios varones.]]>
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                                <updated>2026-07-31T15:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-07-31T15:00:00+00:00</published>
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